Rebeca Serrano: Periodista & Alaitz Arruti: Escritora

domingo, 26 de febrero de 2017

Aprender a vivir.


Necesito hablar sobre una noticia que me ha tenido todo el fin de semana bastante ausente, pensativa y reflexiva. Una noticia que no me esperaba para nada y que me ha sentado como un jarro de agua fría. Hablo del fallecimiento de Pablo Raez. 

Desde que supe de su historia, anduve siguiéndolo de cerca. Veía sus fotos impregnadas de sonrisas y leía sus textos que te llenaban de fuerza. Es curioso como una persona que lucha por su vida, puede dar lecciones y empujones a gente que hoy por hoy no se preocupa por la suya. Una de las frases que mas lo caracterizaban era "La muerte no es triste, lo triste es no saber vivir". La he leído y releído una cantidad de veces que no puedo recordar y me doy cuenta de que de haber podido, le habría hecho mil preguntas.

Me considero una de esas personas que no sabe vivir. Que se queja de vicio y que se enfoca en las cosas negativas mas de lo que me gustaría. Me habría encantado poder sentarme en una mesa a tomar un café y preguntarle que de donde sacaba fuerzas, que como aprendo a vivir, a enfocarme en las cosas positivas y bonitas que tiene la vida. Como creo esa fuerza de voluntad, esas ganas de seguir adelante y no tirar nunca la toalla.

Creo que ha dado a todo el mundo una lección de vida, quizá la más importante. Ha dado al mundo unas pautas a seguir, ha dado el secreto de la felicidad. Ha dado esperanza y sobre todo, ganas de vivir y comernos el mundo. Por supuesto que aparentemente ese chico lo tenía todo, aparentemente no le faltaba de nada. Pero en realidad tenía todo menos lo mas importante. A este chico le ha faltado tiempo y creo que mucha gente perderá con su ausencia.

Por que además, gracias a toda la repercusión que tubo en las redes, ha conseguido que una parte importante del país se haga donante. El tiempo que a el le ha sido arrebatado, se lo ha regalado a muchísimas personas que se encuentran en su misma situación. Ha conseguido salvar a una cantidad importante de niñxs que veían menguar su esperanza de vida. Y sobre todo, con su sonrisa, su manera de ver la vida y su valor ante cualquier adversidad, ha conseguido que un país que a muchxs nos tenía bastante desilusiondxs, sea al menos, mas solidario. 

El se consideraba un guerrero, pero creo que ha quedado claro que era mucho mas que eso. Se que solo sé de Pablo Raez lo que el quiso mostrar al mundo, pero a mi, como a tantas otras personas, me ha regalado ilusión entre otras cosas y espero que esté donde esté, siga cuidando de todxs lxs que lo necesitan. 






R.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Una imagen vale igual que 61.000 palabras


<<La portada es lo más importante de tu libro>> Así empieza una guía sobre maquetación para autores y autoras independientes y así empieza también el capítulo póstumo de una obra recién terminada.

He pasado los últimos ocho meses creando y viviendo en el mundo de Elena Bas, la protagonista de mi segunda novela. He llorado con ella, me he enamorado, he conseguido sobreponerme al frío de un invierno Italiano disfrutando de la Costa Brava, bañándome en las playas de Lanzarote, recreando sus veranos de infancia en un antigua barca de madera que le recordaba a su padre y que con la edad quiso olvidar para volver a recordar.

He hecho mía la poesía de Manuel Machado, 

¡Que las olas me traigan y las olas me lleven, y que jamás me obliguen el camino a elegir!.

Me he bañado en agua salada sobre el teclado de mi ordenador, cuando el termómetro marcaba los ocho grados bajo cero y el mediterráneo vivía entre los capítulos de mi nueva novela. Hasta que un día escribí el final, me puse el abrigo, salí a pasear bajo la nieve y empecé a construir la parte más incierta de la vida de Elena Bas, el único capítulo que no depende de mí, el que os la acerca, la pone entre vuestras manos y le regala la libertad.

Entonces recuerdo, <<La portada es lo más importante de tu libro>> y pienso ¿Cómo transmitir ocho meses de trabajo, cuatro capítulos, 61.537 palabras y una vida con una sola imagen? Contacto con una ilustradora, le hablo de Elena Bas, de Quim, Edward, Gibel y Manel, de ese mar que me ha salvado el invierno, de las calles de Barcelona, Londres y de un pequeño pueblo en la provincia de Girona, que sigue la línea de río Ter y en el que hay una casa custodiada por una perra que se llama Luna, en la cual Elena descubrió el amor de agua dulce.

La ilustradora, que no ha leído el manuscrito, intenta comprender el mundo que he construido, reflejar la historia en una imagen y me presenta varios bocetos, que aún siendo pequeñas obras de arte no consigo entender. Entonces aparecen frente a mí, cuatro colores, dos tipos de mar, un amanecer y el atardecer de la Costa Brava y sé que de entre todas las opciones que ella me ha propuesto, esa será la más arriesgada (y seguramente las más incomprendida), pero sé que esa es la imagen que vale igual que sesenta y un mil palabras. Sé que esos colores, esas formas, esas pinturas son las cuatro esquinas de la vida de Elena Bas, son:

“Las cuatro esquinas de mi pasado”.



Gracias Alba Moreno.

Alaitz Arruti



domingo, 19 de febrero de 2017

Domingos que te hunden para dar paso a lunes que te reconstruyen.

Somos nosotros mismos quienes nos aporreamos continuamente. Y es que el tormento va por dentro para las personas que no sabemos gestionar nuestros sentimientos. Las emociones que internamente nos recorren y corroen  ansiosas por gritar al mundo que nos va a estallar la mente. De pensar, de continuamente darle vueltas a lo mismo y marearte. Emborracharte de pensamientos negativos que enmascaras tras aparentemente sinceras sonrisas. Lo has hecho tantas veces que ya te sale sin deliberarlo demasiado, sin querer siquiera engañar a nadie o quizás queriendo estafarte solo a ti misma.

¿No dicen que la felicidad está únicamente en tu cabeza? Pero también la tristeza. Y de repente ves personificada tu mente a través de una pantalla. Inerte, entre un mar de gente, inmóvil, sin saber hacia dónde tirar. Hacia dónde dirigir los pasos que decidirán tu próximo triunfo o una derrota más. Convenciéndote a ti misma que el cambio está en tus propias manos. Que de nada te sirve pedir ayuda y que como mucho te debilitará. Confías. Confías en el coraje que ella te dejó en herencia y en otras ocasiones supiste utilizar. 

Por que existe una acción que repetimos más que ninguna otra a lo largo de nuestra vida. El ser humano, no deja de sentir ni un segundo desde el momento en el que nace hasta el que muere y sin embargo, son pocas las personas que consiguen aprender a gestionar, a hablar y a expresar sus sentimientos. 

Algo nos frena, nos corta las cuerdas vocales ante la pregunta de "¿que tal estas?". Las palabras se entrecortan y se produce un silencio de unas milésimas de segundo, los que pasamos hurgando en nuestra mente, pero no la forma en la que estamos precisamente. Lo que buscamos es una sola razón para decir la verdad, para decir que todo va mal, que no sabes hacia donde tirar. Que si, que la solución esta en tus manos, pero que anda perdida entre todas las rayas de tu palma. 

Sin embargo, tu respuesta es siempre la misma: "genial". Para que decir más. En realidad, el poco tiempo que te has tomado para pensar ha terminado dando la respuesta real. Pero no te lo preguntará y encima crees que lx has conseguido engañar. Tampoco entiendes que hablar te pueda aliviar. 

Sueñas con el momento de cruzar la puerta de casa, de tirarte en la cama y viajar a ese país en el que nada malo te puede pasar. "Mañana será otro día" te dices convencida. Así que una vez más, el día vuelve a amanecer y sin explicarte la razón, consigues encontrar el modo de sobrevivir, de volver a sonreír sin tener que fingir. Justo en el momento exacto en el que el lodo rozaba tu garganta y te veías al fondo de unas arenas movedizas. Aliviada y satisfecha pero con una nueva preocupación: "¿Hasta cuándo podrá durarme el estado de felicidad para volver a verme en esta situación?"

Porque la realidad es que no le has puesto remedio alguno, simplemente has dejado que un día mas salga el sol y olvidar que apenas hacía unas horas tus piernas caminaban por cumplir su función y que tarde o temprano sin piedad alguna, regresará esa misma preocupación. Deseas tener la opción de desconectarte por un tiempo y volver a la vida cuando estés preparada para engullirla. Un tiempo de descanso en el 
limbo donde reorganizar tus ideas.

Pero por desgracia, sabes que eso no es posible. Que la única salida es darle solución a tus heridas. Coger tu vida por las riendas, agitarlas y correr sin girar hacia atrás la mirada. Hacer una lista de todo aquello por cambiar y empezar poco a poco pero desde ya. Tener conciencia de que existe una sola vida, que es tuya y que tu tienes el poder de cambiarla. Que puedes ser quien quieres ser y hacer todo lo que tu mente puede esconder.

R.

miércoles, 15 de febrero de 2017

¿Quién hace la justicia?


Una pareja de recién casados espera la llegada de su primer/a hijo/a. La mujer, embarazada de tres meses, regresa a casa después de trabajar cuando un joven de veintidós años se salta un semáforo en rojo y la embiste.
El conductor del vehículo, al ver que la joven de treinta y dos años ha salido disparada de la moto que conducía y ha quedado tendida, inmóvil sobre el asfalto, se da a la fuga. Para cuando llega la ambulancia, no hay nada que hacer, Roberta ha fallecido.

Pasan varios días hasta que la policía, gracias al visionado de las distintas cámaras de seguridad de la zona, descubre la matrícula del coche pirata y detiene al conductor, acusado de homicidio imprudente y omisión de socorro. El joven de veintidós años, sobrio y voluntario de una ONG local, queda enseguida en libertad con cargos. Al carecer de antecedentes penales y tener una buena conducta para con la sociedad, no pasa ni un solo día en prisión.

El viudo no tiene más remedio que ver al asesino de su mujer a diario. En el bar, en el supermercado, en la plaza del pueblo…  Cada vez que ambos se cruzan, (al parecer) el conductor pirata levanta la cabeza y presume de no haber entrado en prisión, el marido decide encerrarse en casa para no verlo más. Hasta que un día, siete meses después del “accidente” se dirige al bar del pueblo, donde sabe que encontrará al joven que mató a su mujer y dispara hasta matarlo. Se dirige después al cementerio, apoya la pistola sobre la tumba de Roberta y se entrega en la comisaría local. Lo único que dice a los policías que le atienden es:
  • Se ha hecho justicia.

(Vasto, Italia. Entre Julio 2016 y Febrero 2017)



¿Quién hace la justicia? ¿Qué diferencia la justicia de la venganza?

Alaitz Arruti

domingo, 12 de febrero de 2017

Permítete en ocasiones no ser feliz, para poder serlo muchas otras.

Dedicamos una vida entera a buscar algo que ni siquiera muchas personas se han parado a pensar que es. Nos han dicho que hemos venido a este mundo a ser felices, pero no nos han dicho qué es o como se consigue. 

A veces por falta de información, ignorancia o simplemente porque creemos ciegamente que es así como conseguiremos encontrarla, las personas, empezamos a generar listas, físicas o mentales, de todo aquello que pensamos que nos hará felices. Y si nuestros sueños o deseos se ven frustrados, nos sumimos en una tristeza en la que vemos casi inalcanzable terminar nuestra búsqueda.

Pero nunca nos han dicho que la felicidad no es material, que la felicidad no es continua y que para poder apreciarla también tenemos que tener y permitirnos malos momentos. Porque la felicidad no se mide en las cosas que tenemos, ni siquiera en las veces que sonreímos. La felicidad se aprecia en esos momentos en los que no estamos pensando en absolutamente nada mas que en vivir ese preciso instante, esas situaciones que nos hacen vibrar, en las que estamos a gusto con nosotrxs mismxs y con todo lo que nos rodea. Esos ratos en los que no piensas que harás luego, o mañana o en un futuro. En los que no necesitas absolutamente nada más.

Es imposible ser durante días, semanas o meses enteros, con todas sus horas completas, totalmente feliz. Las preocupaciones forman parte de la vida y del día a día. Dentro de una temporada feliz, también puede haber días de flaqueza, momentos bañados en lágrimas. La clave está en hacer un balance, dar más o menos importancia a unas cosas u otras y pensar en si necesitas algo más para completar aquello que buscas. Pero permítete caer también de vez en cuando. Permítete equivocarte. Y piensa, que sin esos peores momentos, nunca sabríamos qué es la felicidad, no podríamos valorarla o apreciarla.

Encuentra cada día algo con lo que disfrutar, algo que te haga sonreír y recordarte por que estás aquí

R.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Mi casa

Vivir en un país que no es el “tuyo” (y digo “tuyo” como si un país pudiese pertenecernos) no es fácil. Sobre todo, si el idioma que en él se habla no es el mismo que tu lengua materna. Porque no importa el tiempo que lleves viviendo en ese que es tu nuevo país, nunca conseguirás dominar su idioma a la perfección. No pasará un solo día en el que escuches una palabra de la que desconoces su significado o pronuncies una letra que automáticamente te definirá como extranjera y que hará que te traten como tal.

Nadie valorará el hecho de que te despiertas cada mañana haciendo el esfuerzo de hablar un idioma que aprendiste a los veinte, treinta o cuarenta años. Que las conversaciones de los otros, son un ejercicio de comprensión, que a nadie más que a tí te gustaría no tener ese acento que te diferencia del resto. No, serás la extranjera que aún no sabe pronunciar una G, una H o el nombre de la calle en la que vive. (A ver quién es capaz de pronunciar Hartington road o Sheperds Bush con propiedad).

Si como en mi caso, ves la televisión en Inglés, te relacionas en Italiano y lees en Castellano, siento decirte que estás condenado/a a ser un/a eterno/a extranjero/a. Cuando vivía en Inglaterra, creían que era Francesa (por eso de que mi look no se parece al clásico español de larga melena morena y piel color aceituna). En Catalunya, pensaban que era Venezolana o de algún país Sudamericano, porque sí, el castellano lo hablaba bien pero tenía un acento un poco raro. En Italia, soy Brasileña o Norteamericana (aún no he descubierto el porqué) y cuando regreso a “casa”, soy esa que hablaba un idioma tan raro que ya no es Español, ni Euskera, ni Inglés, ni Italiano.
-   ¿Y echas de menos tu casa? - me preguntan a menudo.
-   Casa… - pienso yo, como si la respuesta fuese fácil. - ¿Que es casa para tí?
-   No lo sé…. - me dicen - dónde está la gente que quieres. Supongo.
-  Yo quiero a gente que vive en Euskadi, en La Rioja, en Catalunya, en Andalucía, en Inglaterra, en Argentina, en Italia… quiero a Cuba, porque me enseñó tanto, a Perú que fue mi sueño, a Bolivia… ¡que maravilla! Quiero a una isla Croata que es mi paraíso, a Grecia que me dio tan bien de comer… Quiero mucho en muchos sitios. ¿Cuál es mi casa?
-   ¿El lugar en el que vives? - me preguntan dudando incluso de sus propias certezas.
-   Si es así, mi casa es Italia. Pero aquí soy extranjera… ¿puedo ser extranjera en mi propia casa?
-   No - me dicen - entonces, ¿cuál es tu casa? - insisten.
-   No lo sé… pero creo que mi casa, soy yo.


Alaitz Arruti

domingo, 5 de febrero de 2017

Des - etiquétame

         
A veces creo que, hablar tanto de igualdad es lo que nos acaba separando tanto a las personas y hacer que unos colectivos u otros sean discriminados. No hablo solo de igualdad entre hombres y mujeres. Hablo de igualdad de género sí, pero también de igualdad de razas, de creencias o religiones, de inclinación sexual, partido político, complexión física, poder adquisitivo y en general, todo aquello que puede dividir a un grupo de personas.

         En realidad, lo que somos, como somos, el color que tenemos, en que creemos o dejamos de creer o lo que nos gusta o nos atrae, no son más que características que componen cada persona. Es algo que nace con nosotros, que determina quien somos, pero nunca, lo que somos. Por que si algo tenemos en común, es que todxs somos de la misma especie: la raza humana.

         No quiero relacionarme con gente de derechas o izquierdas, blancxs o negrxs, hombres o mujeres, católicxs, musulmanes o atexs, heteros, homosexuales, bisexuales. Todo eso, no tiene ninguna importancia. Obviamente, no vas a poder compartir momentos agradables con alguien que piensa o actúa hiriendo algo que forma parte de ti como puede ser el género o la raza. Pero lo que quiero decir, es que estamos rodeadxs y nos relacionamos con personas, mucho más allá de todo lo que ya he nombrado.

         Y lo que creo es que, muchas veces, el hablar tanto de “tratar con igualdad” a alguien que tiene o un color diferente, o un gusto diferente, o un género diferente al nuestro, ya está marcando la diferencia. Tener que pensar en “tratar de forma igualitaria” hace que no lo percibas como igual. Etiquetar a cada persona, dentro de un grupo social hace que la sociedad se divida.

         No existen dos seres iguales en este planeta. No somos iguales, eso está claro. Pero repito, todxs somos lo mismo. Creo que deberíamos dejar de fijarnos o pensar en cosas tan superficiales y centrarnos en conocernos. Quizá no compartas ideas políticas, color de piel o gustos musicales. Pero puede que la persona que tengas en frente te haga reír como nadie. O que le guste el mismo tipo de películas que a ti.

         Existen mil temas en el mundo que puedan unir a personas aparentemente tan diferentes en sí. Porque todxs respiramos, sentimos, vivimos a contrareloj, tenemos preocupaciones. No existen diferentes colectivos. Todxs formamos parte de un único colectivo y sin embargo, nos empeñamos en hacer distintivos. Ni tu género, color de piel, creencias, inclinación sexual o poder adquisitivo van a cambiar de cómo llegaste y como te irás de este mundo.



         Por eso quiero que dejen de tratarme como a una mujer, una blanca o cualquier otro adjetivo de los anteriores, para empezar a ser tratada como una persona, con sus gustos, creencias, ideologías y aficiones particulares. Y ojalá llegue ese día en el que todxs somos iguales, con nuestras pequeñas diferencias que lo único que implican, es que nos hacen unicxs.

R.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Nevera Solidaria


En un mundo que permite muros, que ensalza el racismo, defiende la desigualdad y acepta la ofensa como política de estado, hay personas que hacen de éste, un lugar mejor. Son personas que no ocupan las portadas de los periódicos, que se hacen camino a base de lucha, personas que nos hacen creer que no todo está perdido y que paso a paso, se puede llegar muy lejos.
En esta semana en la que leer los periódicos invita a la lucha y a la reflexión, yo quiero hablar de un proyecto maravilloso, innovador y pionero; La Nevera Solidaria.

Una iniciativa de la Asociación de voluntarios y voluntarias del municipio de Galdakao, la GBGE (Galdakaoko Boluntarioen Gizarte Elkartea) que consiste en la ubicación de refrigeradores en la vía pública donde los comercios, o incluso particulares, puedan depositar los alimentos que suponen un excedente para ellos quedando así a disposición de todo aquel que lo quiera aprovechar, independientemente de su situación socioeconómica.

Es inaceptable que la mitad de los alimentos que se producen nunca lleguen a ser comercializados, bien por motivos de apariencia o por la polémica “fecha de consumo preferente” y que numerosos comercios (fruterías, supermercados, restaurantes…) se vean en la obligación de arrojar a la basura ingentes cantidades de alimentos que otras personas podrían aprovechar. Es por eso que desde la GBGE pusieron en marcha el proyecto de la Nevera Solidaria.

De esta manera, los comercios y restaurantes locales disponen de un lugar donde poder depositar los alimentos las 24 horas del día de manera continuada todos los días del año, siendo aprovechados por las personas del mismo modo: a cualquier hora, cualquier día, sin necesidad de que ninguna asociación tenga que gestionarlos, almacenarlos o responsabilizarse de ellos, convirtiendo los alimentos no comercializables en recursos sostenibles. Lo que supondría un residuo para una empresa o persona, pasa a ser un producto solidario, aprovechable y autogestionado por los propios depositantes y receptores.

Es nuestra responsabilidad luchar contra el despilfarro de comida y concienciarnos de una vez y para siempre sobre el valor de los alimentos. No es caridad, es sentido común.
Por eso, desde “la expresión compartida” queremos invitaros a formar parte de este proyecto, sea como Depositante (aportando alimentos) o como Receptor (aprovechando los productos que se encuentran dentro de la nevera).

A día de hoy, disponen de doce Neveras Solidarias:

  • Galdakao. Calle Zamakoa e instalaciones de la DYA.
  • Gasteiz. Asociación Salburua Burdinbide.
  • UPV-EHU.
  • Quero (Toledo). Instalada por el Ayuntamiento de esta localidad.
  • Donostia. Dentro del edificio Tabakalera.
  • Valencia. Colegio Mayor Galileo Galilei.
  • Lasarte-Oria. De la mano del Ayuntamiento lasarteoriatarra.
  • Zaragoza. Iglesia Evangélica Bautista.
  • Plentzia. Instalada por el municipio.
  • Santiago de Compostela. Edificio Matadoiro.
  • Barcelona. L’Ateneu L’Harmonia.

Además, más de 15 municipios están en trámites para conseguirlo y, día tras día, reciben nuevas peticiones a nivel nacional e internacional.

Es la hora de luchar contra el despilfarro de comida, de poner medios y soluciones a este problema.
¡La comida no es basura!

Alaitz Arruti



Para más información, podeís contactar la GBGE (Galdakaoko Boluntarioen Gizarte Elkartea) a través de su página web http://galdakaokoboluntarioak.org/, Facebook https://www.facebook.com/Galdakaokoboluntarioak/o en el número de teléfono  635 75 05 81.