Rebeca Serrano: Periodista & Alaitz Arruti: Escritora

domingo, 29 de enero de 2017

Un avance hacia el futuro

 Nunca he sido demasiado fan de los domingos. En realidad, siempre los he odiado bastante pues creo que son días que acabamos tirando a la basura. Pero de vez en cuando, guiadxs por el ritmo que caracteriza al último día de la semana, acabamos intercambiando conversaciones y preocupaciones que quizá en cualquier otro momento más ajetreado, festivo o simplemente en los que no nos interesa recordar el sistema que nos rodea, no lo haríamos.

         Hoy ha sido uno de esos días. Tres jóvenes, toda una tarde gris por delante y un tema preocupante: la educación. Desde que la crisis entro, fue introducida en este país, la educación ha estado presente en todas las conversaciones, pero casi siempre hablando de recortes y no es lo que hoy nos ha robado la tarde precisamente. Hará ya unos dos meses que vi el vídeo “Juzgando la Educación Tradicional” y creo que es algo que debería ver todx ciudadanx.

         Se trata de una representación en la que un joven lleva la educación al estrado. Comienza comparando un teléfono de hoy en día con uno de hace 150 años. Hace lo mismo con un móvil y finalmente con un aula. Curiosamente, entre los modelos antiguos y actuales de los dos primeros objetos, hay una diferencia abismal, mientras que entre las dos últimas fotografías, lo único que cambia es que la imagen del aula actual tiene color.

         Lo que viene a decir, es que en 150 años, no hemos avanzado ni evolucionado absolutamente nada en este campo. Seguimos metiendo a más de 20 personas en una habitación y obligando a que aprendan lo mismo, de la misma manera. Personas con diferentes intereses, limitaciones, pasiones, sueños, diferentes formas de entender las realidades. Es imposible que el sistema educacional funcione en personas tan dispares entre ellas.

         Deberían impartir cosas que realmente sirvan a la hora de vivir, de salir a la calle y tratar de ser personas independientes. La historia, es increíble para mí. Pero forma parte del pasado, y puedo ser yo misma quien decida leerla en mis ratos libres sin que nadie me lo imponga. Y se trata solo de un mero ejemplo. El sistema que utilizamos, convierte las escuelas en fábricas de clones por un lado y convence a algunos de su nula capacidad en nada.

         Creo recordar, que en el “XL Semanal” de hace uno o dos meses (quizás más) venía en portada, que en 2030, se impartirían las clases mediante realidad virtual. ¿En serio es necesario? Se aventuran a llenar las clases de tecnología para demostrar la evolución en la educación. Pero no necesitamos un avance material, hace falta un avance sistemático. Diferente forma de enseñar, de motivar.

         No es mi intención decir a nadie como hay que hacer las cosas, porque no soy la persona más apta para ello. Solo quiero que reflexionéis sobre el tema, que le deis un par de vueltas a la idea en la cabeza y saquéis conclusiones.  Y como realmente me gustaría que vierais el video, os voy a dejar el link aquí abajo.

¡Que tengáis un feliz final de fin de semana!


R.


martes, 24 de enero de 2017

Ayer en la radio


Iba ayer conduciendo con la radio encendida, cuando en un programa musical, hablando sobre las diferentes profesiones, lanzaban la siguiente pregunta: ¿Hay trabajos de hombres y trabajos de mujeres? La pregunta en sí me pareció bochornosa y quise apagar la radio de inmediato, pero entre mirar los espejos retrovisores, estar atenta a la niebla de la carretera y observar el termómetro de la farmacia que indicaba los cinco grados bajo de cero a las once y media de la mañana,  el locutor se lanzó a exponer su propia visión del asunto sin darme tiempo de apretar el botón de apagado.

    Según él, las profesiones no entienden de sexos, sino de la capacidad de trabajo que tengan las personas. Cualquier profesión puede ser realizada indistintamente por hombres y por mujeres, defendía (aquí abro un pequeño paréntesis para exigir que a igual trabajo, igual remuneración, pero este no era el tema a tratar ayer en la 107.7). Me sorprendió gratamente escuchar a un locutor hablando en estos términos y agradecí no haber llegado a tiempo en mi intención de apagar la radio. Llegó entonces el turno de la locutora que en modo vehemente afirmaba lo contrario: <<Hay trabajos de hombres y trabajos que solamente pueden hacer las mujeres porque lo hombres sois incapaces>> - le decía tajantemente a su compañero.

    Pensé entonces, en la necesidad que algunas personas tienen de infravalorar al prójimo para defender una idea. En el <<yo más>>, <<Yo siempre más>>. ¿Por qué necesita el ser humano sentirse constantemente superior al resto? ¿Por qué machacar a las personas hace que el orgullo propio crezca? No es el prójimo quién nos hace mejores, somos nosotros mismos quienes lo hacemos.

    Prefiero no valorar la opinión de la locutora por ser tan absurda como la pregunta en sí, pero como persona, me avergüenzo de quienes pisan para sentirse más altos, de quienes humillan para sentirse poderosos, de quienes desprecian para creerse valorados.

Alaitz Arruti


domingo, 22 de enero de 2017

¿Dónde dejamos olvidada la libertad de expresión?

He perdido la cuenta de las veces que he tenido que hacerme la pregunta "¿y a mí, que me preocupa?" para empezar a escribir este post. Y es verdad que hay muchísimas cosas que cuentan con un kilometraje considerable dando vueltas por mi cabeza, pero nada me parecía relevante como para compartirlo con todxs vosotrxs.

Antes que nada, me gustaría aclarar, para las personas que no lo sepan, que la utilización de la X, en lugar de a/o, engloba ambos géneros y que yo, haré uso de ella a pesar de que la RAE haya declarado el deber de utilizar la forma masculina para referirse a un grupo compuesto por hombres y mujeres independientemente del número de integrantes de cada sexo. Pero, ese es otro tema que probablemente trate más adelante.

La preocupación que vengo a exponeros hoy, habla de la libertad de expresión. Mejor dicho, de la ausencia de esta libertad. Según dicta el "artículo 20, sección 1ª, capítulo segundo, Título I. De los derechos y deberes fundamentales" de la Constitución española de 1978, están reconocidos y protegidos los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, que incluye también internet y por ende, las redes sociales. Dice además que "El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa".

Bien, pues la semana pasada estaba yo en el que es mi mayor momento de felicidad diaria, viendo "Late Motiv", programa de Andreu Buenafuente, cuando, el presentador, informa de que la fiscalia pide dos años y medio de cárcel para una alumna de 21 años por hacer chistes sobre Carrero Blanco en su cuenta de Twitter.  La ”victima” de este acontecimiento, fue militar y político español, siendo también figura de confianza de Franco. Fue este mismo quien tomo la presidencia antes de la muerte del "generalísimo" hasta que en 1973, fue asesinado por ETA.

Se supone que estamos en la era de la comunicación, de la expresión, en la que en teoría, todo el mundo es libre de decir lo que siente o piensa y sin embargo, estamos más limitadxs y penadxs por la ley que nunca. Hay que medir milimétricamente cada palabra que redactas en tu propia cuenta de cualquier red social. Entiendo la gravedad de las palabras en muchas ocasiones, el poder que tienen para incitar, herir o hacer apología de lo que sea. Pero, ¿qué daño pueden hacer unos chistes sobre una persona que causó más agravio a un país entero mediante sus políticas y actos y que además, ni siquiera sigue entre nosotros? Y por otro lado, en caso de que tenga que ser penada ¿no es una pena excesiva teniendo en cuenta el delito del que se le acusa y teniendo además una gran cantidad de ladronxs en este país que puede que ni lleguen a cumplir condena?

Quizá sean demasiadas preguntas y muy dispares entre ellas para un solo día, pero llevan días encadenadas, tirando de la correa en mi cabeza y necesitaba dejarlas libres e intentar esclarecerlas. Por eso ¿cuando o dónde perdimos la libertad de expresión? Mejor dicho, ¿alguna vez llegamos a poseerla o simplemente fue una ilusión que nos vendieron con el fin de hacernos creer dueñxs de nuestras propias palabras?

Con este tipo de medidas, a mí personalmente lo que hacen es demostrarme que la justicia no está equilibrada, que el poder sigue estando en manos de unxs pocxs y que están saliendo absueltas personas que han estafado, engañado y robado a ciudadanxs de un país entero, mientras que juzgan y encarcelan a personas que el único crimen que están cometiendo es expresar su desacuerdo con esta situación. Y que por lo tanto, lo que pretenden es callar y apartar a quienes los dejan en evidencia delante de las personas a las que ya tenían engañadas.

Como dice el presentador del programa para cerrar el tema, “Seguimos pensando que el humor es el problema y olvidamos, que la mayoría de cosas que han provocado ese humor, deberían avergonzarnos”.


R.

miércoles, 18 de enero de 2017

Las historias, ¿tienen género?


El mes pasado, llegó a mis manos la tan esperada nueva novela del escritor Use Lahoz, “Los buenos amigos”. A él lo sigo desde “La estación perdida”, uno de esos libros que en mayor o menor medida te revolucionan en un momento concreto de la vida. Se reafirmó en mi biblioteca particular con “Los Baldrich” y con “El año en que me enamoré de todas” acabó por ser uno de los autores de los que espero las novedades literarias casi con ansia.

    Acababa de terminar “La víspera de casi todo” de Víctor del Árbol (Premio Nadal 2016), que no me había dejado muy buen sabor de boca y las setecientas páginas del nuevo libro de Use Lahoz, aparecieron como el mejor regalo de navidad. Lamento admitir ahora, que la novela no me gustó. Toda una sorpresa. Admiro el modo en el que el escritor se expresa, la habilidad que tiene de contar las historias, el uso que hace de las palabras, las descripciones y las emociones de los personajes pero no conseguí empatizar con Sixto Baladia, el protagonista. No me cayó bien. No me importaba lo que le podía suceder, me daba igual lo que fuese que tuviera que contarme.

Por desgracia la historia se repetía, me había sucedido lo mismo con Germinal, uno de los protagonistas de “La víspera de casi todo”. El desprecio con el que trataban a sus mujeres, la violencia innata de sus pensamientos, la obsesión por el pene y la masturbación reiterante hacían que a cada página me alejase inevitablemente de ellos.

    Sixto y Germinal, personajes masculinos de escritores hombres. Yo, lectora femenina. ¿Estamos condenados a no entendernos? ¿Puede una mujer empatizar con personajes-autores hombres y viceversa? ¿Nos separan la forma de sentir o la forma de expresar lo que sentimos?

    Me gustaría pensar que es solo una cuestión de prisma, que la literatura no entiende de discriminación, que los libros no se etiquetan y que las historias viven en el corazón de quien las lee. Me gustaría pensar que mi biblioteca es asexual, pero a la espera de reafirmar o cancelar mis dudas con la nueva novela de Kirmen Uribe que me llega la semana que viene, leo “Persuasión” de Jane Austen y me reconcilio con los personajes que entiendo y admiro.

Alaitz Arruti



martes, 17 de enero de 2017

La expresión compartida


Bienvenidos y bienvenidas a “La expresión compartida”.


Este blog nace con la idea de compartir nuestras pasiones diarias. Hablaremos entre otras cosas de literatura, cine, viajes, actualidad política y sociedad. Escribiremos semanalmente un artículo mostrando nuestra opinión o inquietudes sobre aquello que nos sorprenda, nos inquiete o nos estimule con el fin de compartir una idea pero también de crear un debate. No se tratará solo de asomarnos a esta ventana virtual y observar el paisaje que nos rodea, queremos crear conversación, intercambiar ideas, enriquecernos mutuamente. Por lo tanto cualquier persona está invitada a dejarnos su opinión o punto de vista al respecto.


“La expresión compartida” será la versión 2.0 de una tertulia en la cafetería local, aunque escribamos a miles de kilómetros de distancia y el café se lo prepare cada lector/a - escritor/a en su casa. Nosotras simplemente propondremos el tema a raíz de aquello que nos haya sorprendido u ocurrido durante la semana, el resto está en vuestro teclado.


Tendremos también escritores y escritoras invitados/as. Seremos la plataforma para todas las personas que tengan algo que compartir en esta cafetería virtual, sin filtros ni censura.

“La expresión compartida” reside en las palabras.

Rebeca y Alaitz