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La palabra


La periodista y escritora Mónica Carrillo, publicó su tercera novela, El tiempo todo lo cura, el pasado enero.

Me imagino a Mónica, el día en el que su nuevo libro va llenando las estanterías de las librerías a lo largo y ancho de la península, nerviosa, en el sofá de su casa, pensando en la primera lectora o el primer lector que abrazará el libro con sus manos.
Mientras disfruta de una taza de café caliente en el silencio de su casa de Madrid, deseará que la persona que invirtió 17,50 euros en su novela, comparta el mundo que ella construyó en las más de cuatrocientas páginas que encierra la tapa dura de la editorial Planeta. Sabe que esa historia será reinterpretada por cada una de las personas que la lee. A veces incomprendida, despreciada, emocionada... Dependerá de quien la lea pero también del día, la hora y el lugar en el que se lea. La lectura es relativa.

Mónica, termina el café y al apoyar la taza sobre la mesa del salón, siente el vértigo del estreno, de los primeros días, de las críticas que están por llegar. Sabe y acepta que no gustará a todo el mundo pero lo que no espera, entre el miedo y la emoción de las primeras horas, es que el señor Ramón Palomar, periodista y escritor de profesión y persona despreciable como descripción mía personal, hable de ella en términos físicos, machistas y babosos que me niego a reescribir por respeto a ella y a mí misma.

Leo la noticia en un periódico digital y pienso en las últimas páginas que escribió José Luis Sampedro antes de morir.

La palabra
El caso es que la palabra, como los alimentos desconocidos o nuevos, debe ser recibida con criterio crítico pues puede ser un bálsamo o un veneno.
No solo hay que reivindicar siempre el derecho a la palabra, como máxima expresión de nuestra humanidad. Pero también - y a esto se falta muchas veces - hay que cumplir el deber de usarla en pro de la dignidad propia o ajena. Pues, como proclamó magistralmente Martin Luther King, hay una conducta más escandalosa que la de los malvados y es el silencio de las personas <<buenas>> que callan y miran para otro lado sin protestar las maldades.

Yo no me callo. Yo protesto.




Comentarios

  1. A todas las personas machistas que no permiten, no toleran, no soportan que una mujer ejerza libremente su derecho a hacer, decir y realizar lo que le venga en gana y además lo haga bien les digo: Yo tampoco me callo y más de un millón de mujeres salimos a la calle el pasado 8 de marzo en España a decir alto y claro ¡Que ni nos callamos ni nos van a callar!
    Aquí los que callaron fueron los medios estatales que no dijeron ni palabra de este clamor. Así estamos.
    Adelante mujeres que lo vamos a lograr!!
    Genial el artículo, Alaitz

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