Rebeca Serrano: Periodista & Alaitz Arruti: Escritora

domingo, 12 de marzo de 2017

Emociones perdidas.

Había pasado tantas noches soñando con aquello que por un momento, pensaba que seguía en el mundo de Morfeo. Lo tenía delante, inerte frente a ella y mirándola en silencio por miedo a estropear aquel momento. Lo había ensayado una y otra vez en su cabeza pero olvido cada una de las palabras que componían su discurso.

Quería decirle que la había salvado, que la había sacado de un prolongado fracaso emocional. Que había conseguido volver a dibujar una sonrisa en su cara ensombrecida y que ahora despertaba con ganas de afrontar la vida. Quería darle las gracias por soportar sus tonterías y enseñarle a disfrutar de las cosas pequeñas de cada día. 

No conseguía calcular cuanto tiempo llevaban sin hablar, mirándose a los ojos sin saber como reaccionar. Intuía por la nieve que caía sobre ellos, que el día era bastante frío. Pero ya no sentía temperatura alguna pues sus sentidos se habían concentrado en cada uno de los detalles que a el lo envolvían. Escuchaba su respiración e incluso la notaba en su cara cuando el la expulsaba.

Observaba con cautela el brillo que su mirada emanaba, cada curva que sus labios conformaban. Quería archivar cada lunar dibujado en su cara e intentaba interiorizar el tacto de sus dedos entrelazados. 

Sentía mas fuertes que nunca, los latidos que su corazón emitía. Quería preguntarle si estaba tan nervioso como el, si le intrigaba los pensamientos que bailaban en su mente y si quería descubrirlos realmente. Notaba que las manos y las piernas le temblaban pero no era capaz de adivinar si era el frío o los nervios quien le jugaba aquella mala pasada. 

Y como si el mundo hubiese cesado en su rotación, el corazón también se le paró o se le salió, no lo tenía demasiado claro. Para cuando quiso darse cuenta, sus ojos se habían apagado, sucumbiendo a la mano que el a sus pómulos había acercado. Sonreía relajada y sin prisa, su tacto analizaba. Dejaba sin resistencia que la acariciara y envuelta en aquella sensación, permitió encontrarse de repente rodeada por sus brazos. 

El tiempo pasaba lento y la nieve continuaba cayendo. Los copos recorrían sus mejillas enrojeciendolas más todavía. Volvieron a mirarse a los ojos para romper en una carcajada al ver sus narices sonrojadas. En aquel momento lo tuvieron claro. Ambos acercaron las cabezas hasta solo sentir el calor que sus respiraciones emanaban. Y como sincronizados por aquel momento, dejaron que sus labios se fundieran en su primer beso.

Fue lento, ninguno de los dos tenía prisa por que aquello terminará. Dejaron de nuevo que sus miradas se cruzaran, aun que siendo las mismas de siempre, habían adoptado otros matices. Hacía tanto tiempo que no experimentaba todas aquellas emociones que esta vez supo que eran de verdad, que ninguno de sus sueños había sido nunca tan real.

R.

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