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Una imagen vale igual que 61.000 palabras


<<La portada es lo más importante de tu libro>> Así empieza una guía sobre maquetación para autores y autoras independientes y así empieza también el capítulo póstumo de una obra recién terminada.

He pasado los últimos ocho meses creando y viviendo en el mundo de Elena Bas, la protagonista de mi segunda novela. He llorado con ella, me he enamorado, he conseguido sobreponerme al frío de un invierno Italiano disfrutando de la Costa Brava, bañándome en las playas de Lanzarote, recreando sus veranos de infancia en un antigua barca de madera que le recordaba a su padre y que con la edad quiso olvidar para volver a recordar.

He hecho mía la poesía de Manuel Machado, 

¡Que las olas me traigan y las olas me lleven, y que jamás me obliguen el camino a elegir!.

Me he bañado en agua salada sobre el teclado de mi ordenador, cuando el termómetro marcaba los ocho grados bajo cero y el mediterráneo vivía entre los capítulos de mi nueva novela. Hasta que un día escribí el final, me puse el abrigo, salí a pasear bajo la nieve y empecé a construir la parte más incierta de la vida de Elena Bas, el único capítulo que no depende de mí, el que os la acerca, la pone entre vuestras manos y le regala la libertad.

Entonces recuerdo, <<La portada es lo más importante de tu libro>> y pienso ¿Cómo transmitir ocho meses de trabajo, cuatro capítulos, 61.537 palabras y una vida con una sola imagen? Contacto con una ilustradora, le hablo de Elena Bas, de Quim, Edward, Gibel y Manel, de ese mar que me ha salvado el invierno, de las calles de Barcelona, Londres y de un pequeño pueblo en la provincia de Girona, que sigue la línea de río Ter y en el que hay una casa custodiada por una perra que se llama Luna, en la cual Elena descubrió el amor de agua dulce.

La ilustradora, que no ha leído el manuscrito, intenta comprender el mundo que he construido, reflejar la historia en una imagen y me presenta varios bocetos, que aún siendo pequeñas obras de arte no consigo entender. Entonces aparecen frente a mí, cuatro colores, dos tipos de mar, un amanecer y el atardecer de la Costa Brava y sé que de entre todas las opciones que ella me ha propuesto, esa será la más arriesgada (y seguramente las más incomprendida), pero sé que esa es la imagen que vale igual que sesenta y un mil palabras. Sé que esos colores, esas formas, esas pinturas son las cuatro esquinas de la vida de Elena Bas, son:

“Las cuatro esquinas de mi pasado”.



Gracias Alba Moreno.

Alaitz Arruti



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