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Mi casa

Vivir en un país que no es el “tuyo” (y digo “tuyo” como si un país pudiese pertenecernos) no es fácil. Sobre todo, si el idioma que en él se habla no es el mismo que tu lengua materna. Porque no importa el tiempo que lleves viviendo en ese que es tu nuevo país, nunca conseguirás dominar su idioma a la perfección. No pasará un solo día en el que escuches una palabra de la que desconoces su significado o pronuncies una letra que automáticamente te definirá como extranjera y que hará que te traten como tal.

Nadie valorará el hecho de que te despiertas cada mañana haciendo el esfuerzo de hablar un idioma que aprendiste a los veinte, treinta o cuarenta años. Que las conversaciones de los otros, son un ejercicio de comprensión, que a nadie más que a tí te gustaría no tener ese acento que te diferencia del resto. No, serás la extranjera que aún no sabe pronunciar una G, una H o el nombre de la calle en la que vive. (A ver quién es capaz de pronunciar Hartington road o Sheperds Bush con propiedad).

Si como en mi caso, ves la televisión en Inglés, te relacionas en Italiano y lees en Castellano, siento decirte que estás condenado/a a ser un/a eterno/a extranjero/a. Cuando vivía en Inglaterra, creían que era Francesa (por eso de que mi look no se parece al clásico español de larga melena morena y piel color aceituna). En Catalunya, pensaban que era Venezolana o de algún país Sudamericano, porque sí, el castellano lo hablaba bien pero tenía un acento un poco raro. En Italia, soy Brasileña o Norteamericana (aún no he descubierto el porqué) y cuando regreso a “casa”, soy esa que hablaba un idioma tan raro que ya no es Español, ni Euskera, ni Inglés, ni Italiano.
-   ¿Y echas de menos tu casa? - me preguntan a menudo.
-   Casa… - pienso yo, como si la respuesta fuese fácil. - ¿Que es casa para tí?
-   No lo sé…. - me dicen - dónde está la gente que quieres. Supongo.
-  Yo quiero a gente que vive en Euskadi, en La Rioja, en Catalunya, en Andalucía, en Inglaterra, en Argentina, en Italia… quiero a Cuba, porque me enseñó tanto, a Perú que fue mi sueño, a Bolivia… ¡que maravilla! Quiero a una isla Croata que es mi paraíso, a Grecia que me dio tan bien de comer… Quiero mucho en muchos sitios. ¿Cuál es mi casa?
-   ¿El lugar en el que vives? - me preguntan dudando incluso de sus propias certezas.
-   Si es así, mi casa es Italia. Pero aquí soy extranjera… ¿puedo ser extranjera en mi propia casa?
-   No - me dicen - entonces, ¿cuál es tu casa? - insisten.
-   No lo sé… pero creo que mi casa, soy yo.


Alaitz Arruti

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