Rebeca Serrano: Periodista & Alaitz Arruti: Escritora

domingo, 22 de enero de 2017

¿Dónde dejamos olvidada la libertad de expresión?

He perdido la cuenta de las veces que he tenido que hacerme la pregunta "¿y a mí, que me preocupa?" para empezar a escribir este post. Y es verdad que hay muchísimas cosas que cuentan con un kilometraje considerable dando vueltas por mi cabeza, pero nada me parecía relevante como para compartirlo con todxs vosotrxs.

Antes que nada, me gustaría aclarar, para las personas que no lo sepan, que la utilización de la X, en lugar de a/o, engloba ambos géneros y que yo, haré uso de ella a pesar de que la RAE haya declarado el deber de utilizar la forma masculina para referirse a un grupo compuesto por hombres y mujeres independientemente del número de integrantes de cada sexo. Pero, ese es otro tema que probablemente trate más adelante.

La preocupación que vengo a exponeros hoy, habla de la libertad de expresión. Mejor dicho, de la ausencia de esta libertad. Según dicta el "artículo 20, sección 1ª, capítulo segundo, Título I. De los derechos y deberes fundamentales" de la Constitución española de 1978, están reconocidos y protegidos los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, que incluye también internet y por ende, las redes sociales. Dice además que "El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa".

Bien, pues la semana pasada estaba yo en el que es mi mayor momento de felicidad diaria, viendo "Late Motiv", programa de Andreu Buenafuente, cuando, el presentador, informa de que la fiscalia pide dos años y medio de cárcel para una alumna de 21 años por hacer chistes sobre Carrero Blanco en su cuenta de Twitter.  La ”victima” de este acontecimiento, fue militar y político español, siendo también figura de confianza de Franco. Fue este mismo quien tomo la presidencia antes de la muerte del "generalísimo" hasta que en 1973, fue asesinado por ETA.

Se supone que estamos en la era de la comunicación, de la expresión, en la que en teoría, todo el mundo es libre de decir lo que siente o piensa y sin embargo, estamos más limitadxs y penadxs por la ley que nunca. Hay que medir milimétricamente cada palabra que redactas en tu propia cuenta de cualquier red social. Entiendo la gravedad de las palabras en muchas ocasiones, el poder que tienen para incitar, herir o hacer apología de lo que sea. Pero, ¿qué daño pueden hacer unos chistes sobre una persona que causó más agravio a un país entero mediante sus políticas y actos y que además, ni siquiera sigue entre nosotros? Y por otro lado, en caso de que tenga que ser penada ¿no es una pena excesiva teniendo en cuenta el delito del que se le acusa y teniendo además una gran cantidad de ladronxs en este país que puede que ni lleguen a cumplir condena?

Quizá sean demasiadas preguntas y muy dispares entre ellas para un solo día, pero llevan días encadenadas, tirando de la correa en mi cabeza y necesitaba dejarlas libres e intentar esclarecerlas. Por eso ¿cuando o dónde perdimos la libertad de expresión? Mejor dicho, ¿alguna vez llegamos a poseerla o simplemente fue una ilusión que nos vendieron con el fin de hacernos creer dueñxs de nuestras propias palabras?

Con este tipo de medidas, a mí personalmente lo que hacen es demostrarme que la justicia no está equilibrada, que el poder sigue estando en manos de unxs pocxs y que están saliendo absueltas personas que han estafado, engañado y robado a ciudadanxs de un país entero, mientras que juzgan y encarcelan a personas que el único crimen que están cometiendo es expresar su desacuerdo con esta situación. Y que por lo tanto, lo que pretenden es callar y apartar a quienes los dejan en evidencia delante de las personas a las que ya tenían engañadas.

Como dice el presentador del programa para cerrar el tema, “Seguimos pensando que el humor es el problema y olvidamos, que la mayoría de cosas que han provocado ese humor, deberían avergonzarnos”.


R.

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