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Ayer en la radio


Iba ayer conduciendo con la radio encendida, cuando en un programa musical, hablando sobre las diferentes profesiones, lanzaban la siguiente pregunta: ¿Hay trabajos de hombres y trabajos de mujeres? La pregunta en sí me pareció bochornosa y quise apagar la radio de inmediato, pero entre mirar los espejos retrovisores, estar atenta a la niebla de la carretera y observar el termómetro de la farmacia que indicaba los cinco grados bajo de cero a las once y media de la mañana,  el locutor se lanzó a exponer su propia visión del asunto sin darme tiempo de apretar el botón de apagado.

    Según él, las profesiones no entienden de sexos, sino de la capacidad de trabajo que tengan las personas. Cualquier profesión puede ser realizada indistintamente por hombres y por mujeres, defendía (aquí abro un pequeño paréntesis para exigir que a igual trabajo, igual remuneración, pero este no era el tema a tratar ayer en la 107.7). Me sorprendió gratamente escuchar a un locutor hablando en estos términos y agradecí no haber llegado a tiempo en mi intención de apagar la radio. Llegó entonces el turno de la locutora que en modo vehemente afirmaba lo contrario: <<Hay trabajos de hombres y trabajos que solamente pueden hacer las mujeres porque lo hombres sois incapaces>> - le decía tajantemente a su compañero.

    Pensé entonces, en la necesidad que algunas personas tienen de infravalorar al prójimo para defender una idea. En el <<yo más>>, <<Yo siempre más>>. ¿Por qué necesita el ser humano sentirse constantemente superior al resto? ¿Por qué machacar a las personas hace que el orgullo propio crezca? No es el prójimo quién nos hace mejores, somos nosotros mismos quienes lo hacemos.

    Prefiero no valorar la opinión de la locutora por ser tan absurda como la pregunta en sí, pero como persona, me avergüenzo de quienes pisan para sentirse más altos, de quienes humillan para sentirse poderosos, de quienes desprecian para creerse valorados.

Alaitz Arruti


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