Rebeca Serrano: Periodista & Alaitz Arruti: Escritora

martes, 21 de marzo de 2017

Llegó la hora. Empieza el viaje.

Llegó la hora. Empieza el viaje, el camino de vuelta a casa. Nunca sé si debo usar la palabra “regreso”. Si alguna vez me fui, no he sido consciente de ello.

Una maleta, un billete de embarque, un pasaporte que me permite volver a casa. ¡Qué ironía!

Miedo. Nervios. Emoción. Un paisaje que respira dentro de mí, el olor inconfundible de la tierra mojada. No necesito ninguna excusa para volver. Llego y ya está.
Tan fácil que me tiemblan la manos, me pesan los kilómetros, el tiempo y la distancia.

Bonita frase esa de <<mañana a estas horas ya estarás aquí>>. ¡Que vuele el tiempo! no, mejor no. Déjame saborear la espera, la melancolía del recuerdo que se hace eterno en la víspera de lo que está por llegar. Y lo que está por llegar soy yo, pero sois también vosotros y vosotras.

Para algunas personas será un reencuentro, para otras un primer saludo. El inicio de lo que un día serán Las cuatro esquinas de (mi, nuestro, vuestro) pasado.

Aún no he llegado y ya os estoy esperando.

Jueves 23 de marzo
19:00
Casa de cultura de Valle de Aranguren
Mutilva. Navarra.


Viernes 24 de marzo
18:30
Cervantes Liburudenda.
Galdakao. Bizkaia.


Lunes 27 de marzo
18:30
Elkar Liburudenda (Iparagirre 26).
Bilbao. Bizkaia.



Que las olas nos lleven, que las olas nos traigan y que jamás nos obliguen el camino a elegir.
Alaitz

miércoles, 15 de marzo de 2017

La palabra


La periodista y escritora Mónica Carrillo, publicó su tercera novela, El tiempo todo lo cura, el pasado enero.

Me imagino a Mónica, el día en el que su nuevo libro va llenando las estanterías de las librerías a lo largo y ancho de la península, nerviosa, en el sofá de su casa, pensando en la primera lectora o el primer lector que abrazará el libro con sus manos.
Mientras disfruta de una taza de café caliente en el silencio de su casa de Madrid, deseará que la persona que invirtió 17,50 euros en su novela, comparta el mundo que ella construyó en las más de cuatrocientas páginas que encierra la tapa dura de la editorial Planeta. Sabe que esa historia será reinterpretada por cada una de las personas que la lee. A veces incomprendida, despreciada, emocionada... Dependerá de quien la lea pero también del día, la hora y el lugar en el que se lea. La lectura es relativa.

Mónica, termina el café y al apoyar la taza sobre la mesa del salón, siente el vértigo del estreno, de los primeros días, de las críticas que están por llegar. Sabe y acepta que no gustará a todo el mundo pero lo que no espera, entre el miedo y la emoción de las primeras horas, es que el señor Ramón Palomar, periodista y escritor de profesión y persona despreciable como descripción mía personal, hable de ella en términos físicos, machistas y babosos que me niego a reescribir por respeto a ella y a mí misma.

Leo la noticia en un periódico digital y pienso en las últimas páginas que escribió José Luis Sampedro antes de morir.

La palabra
El caso es que la palabra, como los alimentos desconocidos o nuevos, debe ser recibida con criterio crítico pues puede ser un bálsamo o un veneno.
No solo hay que reivindicar siempre el derecho a la palabra, como máxima expresión de nuestra humanidad. Pero también - y a esto se falta muchas veces - hay que cumplir el deber de usarla en pro de la dignidad propia o ajena. Pues, como proclamó magistralmente Martin Luther King, hay una conducta más escandalosa que la de los malvados y es el silencio de las personas <<buenas>> que callan y miran para otro lado sin protestar las maldades.

Yo no me callo. Yo protesto.




domingo, 12 de marzo de 2017

Emociones perdidas.

Había pasado tantas noches soñando con aquello que por un momento, pensaba que seguía en el mundo de Morfeo. Lo tenía delante, inerte frente a ella y mirándola en silencio por miedo a estropear aquel momento. Lo había ensayado una y otra vez en su cabeza pero olvido cada una de las palabras que componían su discurso.

Quería decirle que la había salvado, que la había sacado de un prolongado fracaso emocional. Que había conseguido volver a dibujar una sonrisa en su cara ensombrecida y que ahora despertaba con ganas de afrontar la vida. Quería darle las gracias por soportar sus tonterías y enseñarle a disfrutar de las cosas pequeñas de cada día. 

No conseguía calcular cuanto tiempo llevaban sin hablar, mirándose a los ojos sin saber como reaccionar. Intuía por la nieve que caía sobre ellos, que el día era bastante frío. Pero ya no sentía temperatura alguna pues sus sentidos se habían concentrado en cada uno de los detalles que a el lo envolvían. Escuchaba su respiración e incluso la notaba en su cara cuando el la expulsaba.

Observaba con cautela el brillo que su mirada emanaba, cada curva que sus labios conformaban. Quería archivar cada lunar dibujado en su cara e intentaba interiorizar el tacto de sus dedos entrelazados. 

Sentía mas fuertes que nunca, los latidos que su corazón emitía. Quería preguntarle si estaba tan nervioso como el, si le intrigaba los pensamientos que bailaban en su mente y si quería descubrirlos realmente. Notaba que las manos y las piernas le temblaban pero no era capaz de adivinar si era el frío o los nervios quien le jugaba aquella mala pasada. 

Y como si el mundo hubiese cesado en su rotación, el corazón también se le paró o se le salió, no lo tenía demasiado claro. Para cuando quiso darse cuenta, sus ojos se habían apagado, sucumbiendo a la mano que el a sus pómulos había acercado. Sonreía relajada y sin prisa, su tacto analizaba. Dejaba sin resistencia que la acariciara y envuelta en aquella sensación, permitió encontrarse de repente rodeada por sus brazos. 

El tiempo pasaba lento y la nieve continuaba cayendo. Los copos recorrían sus mejillas enrojeciendolas más todavía. Volvieron a mirarse a los ojos para romper en una carcajada al ver sus narices sonrojadas. En aquel momento lo tuvieron claro. Ambos acercaron las cabezas hasta solo sentir el calor que sus respiraciones emanaban. Y como sincronizados por aquel momento, dejaron que sus labios se fundieran en su primer beso.

Fue lento, ninguno de los dos tenía prisa por que aquello terminará. Dejaron de nuevo que sus miradas se cruzaran, aun que siendo las mismas de siempre, habían adoptado otros matices. Hacía tanto tiempo que no experimentaba todas aquellas emociones que esta vez supo que eran de verdad, que ninguno de sus sueños había sido nunca tan real.

R.

domingo, 5 de marzo de 2017

Puede ser el principio de algo, o simplemente algo.

No conseguía adivinar quien era aquel niño de pelo alborotado y mirada dura y penetrante que cada mañana recorría con los ojos el trayecto que ella hacia desde su casa al autobús, y que sentado en la parada, no parpadeaba hasta que el vehículo arrancaba y desaparecía en el camino de brea.
Llevaba ya tres días, repitiéndose la misma historia, siempre igual.
El primer día, Martina había pensado que él esperaba al momento en el que el conductor giraba la llave de contacto para subirse y así, aprovechar la última brizna de aire que cada mañana azotaba su pelo. Pero nunca ocurría así.
El autobús cerraba sus puertas y emprendía su camino dejándolo a él impasible sentado siempre en el mismo sitio. Durante los diez minutos previos a partir, entre nerviosa y divertida, miraba por el rabillo del ojo comprobando que la mirada del chico seguía clavada en ella. Le evocaba a aquellas novelas heredadas de su padre de la España de principios del siglo XX. Quizá por el aire tan bohemio que le transmitía, y que acompañaba siempre de un cigarro en la mano, que siendo este el detalle quizá mas desagradable, la envolvía en mil historias de camino al instituto, al imaginarse a ambos callejeando por las calles de antaño, como sacados de la antigua Barcelona de Ruiz Zafón.
Era la mirada congelada que le dedicaba, la que también suscitaba interés en Martina. Esa mirada que sin duda encerraba una historia. Una historia que ella se moría de ganas por poder leer algún día.
R.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Las cuatro esquinas de mi pasado

Cuando llega el momento de sacar a luz la historia en la que has vivido los últimos meses, aparece el miedo a la incertidumbre. El deseo de que la protagonista de tu nueva novela conquiste a quien generosamente le dedica su lectura. Llega el ansia incorregible por no defraudar, las ganas de que tu mundo sea comprendido y que aquello que te hizo llorar, quizás a otras personas les haga volar.


Llega el momento de publicar la nueva novela con la ilusión de llegar a las manos ya conocidas, pero también de abrir fronteras. De deshacerte de tu historia para compartir la percepción que el resto tiene de ella.


Llega el momento… y el momento llegó.


El sábado 4 de marzo a las cuatro de la tarde, sale a la venta “Las cuatro esquinas de mi pasado”. Empieza una nueva aventura de la mano de Elena Bas.
Un libro de amaneceres, una canción, el baile de una ola.
Una historia con sabor a sal.  


Si tuvieses la oportunidad de mirar frente a frente a tu pasado ¿Qué le dirías?


Cuando Elena Bas, se despertó una mañana de martes en su apartamento de Barcelona, no podía imaginar que el día de su cuarenta cumpleaños se convertiría en un recorrido a través de su pasado.
Antes de que el reloj indique las nueve de la mañana, Elena, se reencontrará con sentimientos que creía olvidados, amores lejanos, personas que de una manera o de otra, habían cambiado su vida. A sus cuarenta años, ella, era la suma de todas las Elenas que un día fue, pero también era la Elena de Quim, Edward, Gibel y Manel.
Cuatro personas, cuatro historias, cuatro momentos de una vida.





Este sábado a las cuatro de la tarde, “Las cuatro esquinas de mi pasado” estará disponible solo en Amazon. Llegará a las librerías una semana después, el 13 de marzo y el 24 de este mismo mes nos veremos en la primera de las dos presentaciones que se realizarán. Pero para eso, aún queda…


A aquellas personas que prefieran la lectura en formato digital, “Las cuatro esquinas de mi pasado” está ya disponible para su reserva en Amazon. La lectura se cargará en vuestros dispositivos Kindle el sábado y seréis las primeras personas en leerla.

https://www.amazon.es/Las-cuatro-esquinas-mi-pasado-ebook/dp/B06XBJ6L99/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1488308513&sr=1-1&keywords=las+cuatro+esquinas+de+mi+pasado


Espero vuestros comentarios, críticas, opiniones… en Amazon o en Facebook. Prometo leerlas todas y contestarlas una a una.


¡Gracias por leerme!


Os espero en las cuatro esquinas de mi pasado.


Con todo mi cariño,

Alaitz

domingo, 26 de febrero de 2017

Aprender a vivir.


Necesito hablar sobre una noticia que me ha tenido todo el fin de semana bastante ausente, pensativa y reflexiva. Una noticia que no me esperaba para nada y que me ha sentado como un jarro de agua fría. Hablo del fallecimiento de Pablo Raez. 

Desde que supe de su historia, anduve siguiéndolo de cerca. Veía sus fotos impregnadas de sonrisas y leía sus textos que te llenaban de fuerza. Es curioso como una persona que lucha por su vida, puede dar lecciones y empujones a gente que hoy por hoy no se preocupa por la suya. Una de las frases que mas lo caracterizaban era "La muerte no es triste, lo triste es no saber vivir". La he leído y releído una cantidad de veces que no puedo recordar y me doy cuenta de que de haber podido, le habría hecho mil preguntas.

Me considero una de esas personas que no sabe vivir. Que se queja de vicio y que se enfoca en las cosas negativas mas de lo que me gustaría. Me habría encantado poder sentarme en una mesa a tomar un café y preguntarle que de donde sacaba fuerzas, que como aprendo a vivir, a enfocarme en las cosas positivas y bonitas que tiene la vida. Como creo esa fuerza de voluntad, esas ganas de seguir adelante y no tirar nunca la toalla.

Creo que ha dado a todo el mundo una lección de vida, quizá la más importante. Ha dado al mundo unas pautas a seguir, ha dado el secreto de la felicidad. Ha dado esperanza y sobre todo, ganas de vivir y comernos el mundo. Por supuesto que aparentemente ese chico lo tenía todo, aparentemente no le faltaba de nada. Pero en realidad tenía todo menos lo mas importante. A este chico le ha faltado tiempo y creo que mucha gente perderá con su ausencia.

Por que además, gracias a toda la repercusión que tubo en las redes, ha conseguido que una parte importante del país se haga donante. El tiempo que a el le ha sido arrebatado, se lo ha regalado a muchísimas personas que se encuentran en su misma situación. Ha conseguido salvar a una cantidad importante de niñxs que veían menguar su esperanza de vida. Y sobre todo, con su sonrisa, su manera de ver la vida y su valor ante cualquier adversidad, ha conseguido que un país que a muchxs nos tenía bastante desilusiondxs, sea al menos, mas solidario. 

El se consideraba un guerrero, pero creo que ha quedado claro que era mucho mas que eso. Se que solo sé de Pablo Raez lo que el quiso mostrar al mundo, pero a mi, como a tantas otras personas, me ha regalado ilusión entre otras cosas y espero que esté donde esté, siga cuidando de todxs lxs que lo necesitan. 






R.